Cómo usamos la IA

Los textos de artículos archivados se mantienen tal como aparecieron históricamente, limpios solo de navegación y publicidad obsoleta. Si un artículo se escribió hace dos años, esa redacción permanece intacta. No usamos inteligencia artificial para reescribir posts antiguos ni para inventar noticias.

La IA se usa para redactar borradores de guías perennes nuevas y para organizar la estructura del sitio (categorías, etiquetas, enlaces internos). Un editor humano revisa cada borrador, verifica datos, ajusta el tono y decide si se publica. Ningún texto generado por IA llega al sitio sin pasar por esa revisión.

No fabricamos contenido con IA para inflar el volumen de páginas. Cada guía nueva responde una pregunta concreta que detectamos en búsquedas reales: cómo elegir un dermatólogo en Valparaíso, qué preguntar en la primera consulta con un endocrinólogo, diferencias entre una ecografía abdominal y una resonancia. Si no hay una necesidad clara, no publicamos.

La IA no inventa cifras, citas de expertos, entrevistas ni estudios. Si un borrador automático incluye "según expertos" o "un estudio reciente muestra", el editor lo borra o lo reemplaza con una afirmación simple sin autoridad falsa. Los datos que publicamos vienen de registros del Ministerio de Salud, colegios profesionales, bases municipales o información pública de los centros; nunca de alucinaciones del modelo.

Usamos IA también para tareas técnicas: detectar enlaces rotos, sugerir palabras clave relacionadas, identificar artículos que necesitan actualización porque mencionan datos con más de dos años. Esas sugerencias las revisa un humano antes de actuar. La máquina señala, la persona decide.

No entrenamos modelos propios con datos de usuarios. Las herramientas de IA que usamos son servicios comerciales estándar (GPT, Claude, Gemini) con contratos que prohíben el uso de nuestros prompts o salidas para reentrenar sus modelos. Los formularios de contacto y las búsquedas en el sitio no alimentan ningún sistema de aprendizaje automático.

El objetivo de usar IA es liberar tiempo editorial para verificar datos, contactar centros, responder correcciones y mejorar la experiencia del usuario. Antes de incorporar IA, el equipo pasaba horas formateando listas y reordenando secciones; ahora ese tiempo se invierte en llamar a una clínica para confirmar que sigue atendiendo los sábados o en revisar si un especialista actualizó su consulta.

Cada guía generada con ayuda de IA pasa por una lista de verificación humana: ¿el título promete algo concreto? ¿Los primeros dos párrafos explican por qué importa? ¿Hay ejemplos reales, no genéricos? ¿El cierre es accionable? ¿Se evitaron palabras infladas y fórmulas de relleno? Si alguna respuesta es no, el borrador vuelve a edición o se descarta.

La IA es una herramienta, no un autor. Los errores que comete son responsabilidad nuestra, no de la máquina. Si un artículo generado con IA contiene un dato incorrecto y lo publicamos sin detectarlo, la falla es del proceso editorial humano. Por eso cada texto pasa por revisión técnica y, en temas sensibles (procedimientos médicos, requisitos legales), por consulta con un profesional del área.

Esta política de uso de IA se actualiza cuando incorporamos nuevas herramientas o cambian las capacidades de las existentes. Si tienes preguntas sobre cómo se generó un artículo específico, escríbenos por la página de contacto con la URL y te explicamos el proceso que siguió ese texto en particular.