Política editorial

Los artículos archivados se conservan para mantener continuidad histórica. Si un texto se publicó hace tres años con cierta redacción, esa versión permanece intacta en su URL original, sin reescrituras ni actualizaciones forzadas. Solo limpiamos menús rotos, anuncios viejos y código obsoleto; el contenido escrito no se toca.

Las guías nuevas amplían los mismos temas sin inventar eventos de actualidad. Escribimos sobre cómo elegir un traumatólogo, qué documentos llevar a una primera consulta cardiológica o en qué se diferencian las clínicas privadas de los consultorios municipales. Son textos perennes, útiles hoy y dentro de seis meses, sin fechas artificiales ni ganchos de "última hora".

No fabricamos cifras, citas de expertos, entrevistas ni estudios. Si carecemos de un dato específico, escribimos la afirmación simple sin inventar autoridad falsa. Los temas que aparecen en títulos de archivo pueden mencionarse como tópicos generales, nunca como fuentes con las que "hablamos".

Priorizamos claridad, utilidad y coherencia temática por encima del clickbait. Un título promete un beneficio concreto (número, nombre, lugar, resultado o contradicción) en cincuenta a setenta caracteres. Prohibimos en los títulos: definitivo, revolucionario, secretos, no creerás, un truco, desbloquea, eleva. Si no podemos explicar el valor en una frase directa, el artículo no está listo.

Cada guía nueva pasa por una lista de verificación antes de publicarse: ¿el lector entiende en los dos primeros párrafos por qué esto le importa? ¿Hay al menos un ejemplo concreto o mecanismo en cada sección? ¿Termina con un dato accionable en lugar de un pronóstico vago? Si alguna respuesta es no, volvemos al borrador.

No usamos vocabulario inflado (important, innovador, embarcarse, panorama abstracto, tapiz, testimonio de, robusto, vibrante) ni fórmulas de relleno ("se erige como", "marca un punto de inflexión", "tendencias más amplias"). Escribimos como hablaríamos en una mesa de cocina: frases cortas, verbos concretos, una idea por párrafo.

Las correcciones materiales se anotan en el artículo cuando son sustanciales: si un centro cerró, si cambió una normativa del Minsal, si un lector detectó un error de fondo. Las correcciones menores (una coma, un enlace roto) se arreglan sin aviso. La transparencia no es negociable.

El equipo editorial revisa cada texto antes de publicar y cada trimestre audita una muestra aleatoria de guías antiguas para verificar que los datos sigan vigentes. Si un artículo ya no refleja la realidad (por ejemplo, una especialidad que cambió de nombre oficial), lo marcamos como desactualizado o lo reemplazamos con una versión nueva en la misma URL, dejando nota del cambio.

No aceptamos pagos por cobertura editorial. Los perfiles destacados en el directorio son un servicio aparte, claramente señalado, y no influyen en el contenido de las guías. Un médico puede pagar por una ficha ampliada con fotos y horarios, pero eso no garantiza mención en un artículo ni posición privilegiada en la búsqueda orgánica.

Esta política editorial es un documento vivo. Si detectas una práctica que no cumple lo escrito aquí, escríbenos por la página de contacto. La confianza se construye con coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, y esa coherencia empieza por rendir cuentas cuando fallamos.